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“Rodrigo Zamorano, traductor de Euclides”

“Rodrigo Zamorano, traductor de Euclides”

El pasado día 28 de marzo, el Dr. José Manuel Aroca Hernández Ros dictó una conferencia en el Centro de Estudios de América-Casa Colón de Valladolid con el título: “Rodrigo Zamorano, traductor de Euclides”. Para iniciar su exposición, el Dr. Aroca nos brindó algunos apuntes acerca de la villa de Medina de Rioseco, lugar de nacimiento de Rodrigo Zamorano en 1542, y que vió nacer otros personajes ilustres relacionados con los descubrimientos en América.

Nos referimos a Francisco de Saucedo ( – 1520) que fue Capitán de una de las embarcaciones de Cortés. Hernando de Rivadeneyra y Espinosa, que fue protector general de indios en Nueva España, Lucas Pinto (1540 – ), cronista, capitán y tesorero de galeones en las Indias, autor de la “Relación de Ichcateopan” y alcalde mayor en 1580  de la ciudad de San Salvado, o Gaspar de Espinosa(1483- 1547) fue alcalde de Darién y gobernador de Santo Domingo. También debemos de destacar el personaje de Juan Jufré de Loayza (1516 -1578), que participó en la primera expedición de Pedro de Valdivia, fue primer alcalde de Santiago, teniente gobernador de Cuyo y fundador de la ciudad de San Juan en Argentina.

 

Si analizamos el papel de las ciencias matemáticas, En la España de los siglos XV y XVI no solo había poca matemática, además los científicos debían combatir con un ambiente no muy propicio al desarrollo de su tarea. Por ejemplo, D. Juan II mandó quemar en el claustro de Santo Domingo el Real los libros de matemáticas de su tío el Marques de Villena por ser «mágicos é de artes no cumplideras de leer». Sin embargo, la persecución no se limita a España, la hubo también en otros países que progresaron pese a ella.

Todo el mundo conoce la persecución a Galileo, pero se olvidan otros como Roger Bacón perseguido por brujería en la Inglaterra del siglo XIII, o Checo D’Ascoli quemado por mago y hereje en 1328 a causa de un libro de comentarios sobre el Tratado de la Esfera de Sacrobosco, o la muerte de Miguel Servet, esta vez a manos de lo calvinistas. Hay que añadir, que las carreras más lucrativas, y por tanto más seguidas en la época, eran la teología, la jurisprudencia y la medicina, mientras que las matemáticas ya se miraban como un estudio abstracto y de pocas aplicaciones.

 

 

La traducción de los elementos de Euclides llevada a cabo por Rodrigo Zamorano en 1576, tuvo la particularidad de que siguió la versión del matemático veneciano Bartolomeo Zamberti. La traducción es precisa y sin comentarios y la introducción se limita a dar argumentos precisos sobre las aplicaciones de la Geometría. Todo ello da un mérito especial a la obra, sobre todo por contraste con el ambiente de su época.

En resumen, y volviendo al principio de este trabajo, Zamorano fue un hombre contracorriente; un hombre nacido lejos del mar, que llega a ser Piloto mayor, un hombre nacido en un país en el que la geometría se consideraba una forma de brujería, que llega a ser Catedrático de Cosmografía y Matemáticas, un hombre que, en una época eminentemente práctica en la que la sociedad exige, con un poder de coacción mucho más fuerte que el actual, una geometría práctica, es capaz de dedicarse a la parte más abstracta de la geometría, un hombre que en una época en la que la ciencia “oficial” utiliza el latín como herramienta característica del saber, se atreve a traducir los Elementos de Euclides al castellano.

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